Por primera vez en la historia, el 6 de octubre de 2008, la humanidad tomó conocimiento de un inminente impacto de un asteroide en nuestro planeta, y se pudo predecir cuándo y dónde golpearía: al norte de Sudán. El asteroide 2008 TC3 era relativamente pequeño (entre dos y cinco metros) y relativamente inofensivo. Afortunadamente se estrelló en una zona deshabitada.
Cualquier impacto futuro, podría ser catastrófico, especialmente si se trata de un asteroide más grande y si golpea una zona poblada. Existe una fuerte posibilidad que en los próximos cincuenta años, la comunidad internacional tenga que tomar una decisión sobre la conveniencia y el modo de actuar para evitar un impacto de estas características. Se estima que en los próximos veinticinco años, hay entre un cinco y un ocho por ciento de posibilidades de tener un impacto como el de hace cien años en Tunguska y con una capacidad destructiva de dos a cien bombas atómicas como la de Hiroshima.
Las incertidumbres en las efemérides, que permiten localizar los cuerpos menores en el futuro, suelen ser importantes y muchas veces: preocupantes. La comunidad internacional está haciendo, desde la década de 1990, un importante esfuerzo para descubrir estos objetos amenazantes, para hacerles un seguimiento contínuo y para recuperar la observación de los que se pierdan. Sin embargo, no se cuenta con la cantidad suficiente de observatorios que aporten astrometrías con la frecuencia necesaria para ir corrigiendo los elementos orbitales de todos estos objetos. El problema se agrava cuando un objeto se desplaza por el cielo austral, ya que el hemisferio sur está muy despoblado de observatorios que se dediquen a esta actividad.
El abordaje de los asteroides en la Argentina, especialmente: los NEOs, no tenía una institución que reúna a los aficionados dedicados a este tipo de cuerpos menores. Los cometas captaron más la atención de los observadores visuales desde hace muchos años, pero en estos últimos años, varios astrónomos aficionados argentinos, equipados con telescopios portátiles y cámaras ccd, comenzaron a incursionar en la astrometría de cometas y asteroides. El contacto entre ellos, mediante diversos foros de astrofotografía, inició un trabajo de cooperación que permitió salir del aislamiento y desarrollar más eficientemente la actividad. La existencia de la AOACM facilitará la evolución de sus miembros y realizará un valioso aporte a la astronomía local, sumándose a otras instituciones profesionales y aficionadas de nuestra región, que aportan lo suyo desde hace mucho tiempo.